jueves, 17 de abril de 2008

El placer egoísta

VI

Morbido

¿Nunca te has masturbado? La pregunta, además de llenarla de horror, la colmaba de vergüenza. Nunca, pero nunca había pensado en tocarse “intencionalmente” sus partes íntimas. Simplemente inaceptable para Eloisa... hasta ahora.

Hasta que su recién estrenado amante, un lánguido músico experimentado en el arte de amar bajo los humos del cannabis le pidió que se tocara mientras él se ponía el condón.

“Vuélvete loca, mi amor” le dijo el artista, dejándole a ella el trabajo de terminar la obra de arte que él había comenzado en su clítoris. Eloisa, con las piernas abiertas y el felpudito hambriento, sintió que en el tiempo transcurrido desde sus 16 años hasta ahora no había aprendido nada diferente a meter-y-sacar.

Así que puso manos a la obra. Lo primero que hizo fue hacerse una depilación del bikini a-la-brasilera. Con su pubis calvo –al fin- pudo entender la razón por la cual la gran mayoría de las venezolanas les gusta usar blue jeans pegaditos de mala calidad. El placer derivado del roce de la tela burda-mal-cosida ponía a hervir su raja rosada. ¡Quién la viera caminar ahora! Parecía una modelo de un viejo comercial de Didijin caminando al ritmo de Guaco.
Sin embargo, el contorneo solo despertaba su hambre animal mal saciada por un esposo indiferente.

Luego intentó otro truco: sentarse desnuda encima de la secadora saltarina. ¡Qué decepción! Lo único que sacó de la gracia, copiada de un programa de Howard Stern, fue una cuenta de electricidad enorme y un placer minúsculo.

La sonrisa vertical

Un día, mientras pasaba por la librería Alejandría de Las Mercedes, vió un remate de libros eróticos de la colección La sonrisa vertical y la editorial Siruela. Se compró unos cuantos, pero no muchos, no sea que el marido la descubra en esa pendejada. Había uno realmente muy hermoso, pleno de ilustraciones delicadas y fragmentos de Anais Ninn y Henry Millar, entre otros escritores.

Uno narraba el dolor “exquisito” que le producía a la protagonista caminar con un rosario de metras metido dentro del ano. En otro, el caballero se lamentaba que su dama lo hubiese despreciado como amante, para perder la virginidad con un plátano. Incluso había una ilustración donde un pequeño perrito (Toy Poddle) le daba besitos cariñosos a los labios de su dueña.

Lo del rosario le parecía sacrílego, lo del perro asqueroso y lo del plátano doloroso, pero tenía un pepino que compró para tales propósitos. Así que se armó de coraje y…

(CONTINUARÁ)


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P.D.: Los dibujos son míos, como últimamente se ha hecho costumbre :)

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